¿Educación o Acción?

24 enero 2017

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Un reciente artículo periodístico la economista Pilar de Torres denuncia el prejuicio de género inconsciente que se encuentra detrás de muchas de las conductas sesgadas que dejan de lado a las mujeres con mérito.

Ana Cremades

Leyendo el artículo publicado por Pilar de Torres, economista y expresidenta de Gisa e Ifercat, en EL PAIS sobre los “Boquetes en el techo de cristal”, volvemos a reflexionar sobre todas las circunstancias que hacen que en España, como en tantos otros países, siendo las mujeres el 52% de la población, sigamos sufriendo un 19% de brecha salarial, no contemos con apenas presencia en puestos directivos, seamos menos premiadas que nuestros compañeros hombres por méritos profesionales y un largo etcétera.

Para la autora de este artículo el prejuicio de género inconsciente se encuentra detrás de muchas de las conductas sesgadas que dejan de lado a las mujeres con mérito. Siempre hemos defendido, desde este BLOG, el importante papel que la educación debe de ejercer para prevenir estos prejuicios. Sin embargo, nuevos estudios ponen de manifiesto la poca efectividad de la educación para incidir sobre los prejuicios y proponen pasar a la acción. En España con la ley de la Igualdad de 2007 al menos hemos conseguido normalizar la esfera política con presencia de mujeres que ya nadie cuestiona que estén capacitadas, e incluso puedan tener más carisma que algunos de sus colegas masculinos. Pilar de Torres propone aplicar a otros campos reglas sencillas y normalizadas como por ejemplo normas para las entrevistas de trabajo o para examinar los CV de los candidatos sin el sesgo de género tal y como ha propuesto el pasado 21 de diciembre en el Parlamento la Ministra de Sanidad, Dolors Montserrat. Este tipo de medidas complementan a las estrategias más extendidas como son el establecimiento de cupos o cuotas femeninas, que muchas veces son contraproducentes.

La visibilidad de las mujeres es otro de los apartados importantes, que ayudan a normalizar y a evitar los sesgos, y que por tanto educan de forma indirecta. Impulsar las buenas prácticas en el ámbito público y privado, ayudaría a flexibilizar las jornadas laborales de hombres y mujeres para hacerlos más iguales también en casa.

Pero sobre todo, y lo que no comenta la autora de este artículo, los auténticos agujeros en el techo de cristal dependen de nosotras mismas y ahí solo cabe el refuerzo positivo y el que nos sintamos más libres a la hora de decidir según lo que creemos que es más adecuado en cada momento y no según lo que nos imponen los hábitos sociales, y nuestro entorno laboral y familiar. Ahí todavía y aunque nos parezca mentira, nos seguimos limitando nosotras tanto como los convencionalismos o los prejuicios. Por eso, la educación, no solo dirigida a los hombres o al conjunto sino especialmente a las niñas para que aprendan los caminos del empoderamiento, siguen siendo fundamentales.

Esperemos que el año que viene podamos hacer un mejor balance! Por lo menos ya tenemos el término techo de cristal recogido en la Wikipedia, ¡qué cosas!

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