La cara oculta de la Luna

15 Febrero 2017

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El inicio de la carrera espacial de Estados Unidos contó con mujeres que se encargaban de las tareas más tediosas e ingratas: calcular y comprobar las hipótesis a las que habían llegado previamente el equipo de ingenieros. La película “Figuras ocultas” recrea esta historia.

Bianchi Méndez y Ana Cremades

No es la primera vez que comentamos que la Historia de la Ciencia está llena de figuras femeninas ocultas. En elconfidencial.com nos recuerdan, entre otros, el caso de Mileva Maric, primera mujer de Einstein y soporte matemático de sus teorías más influyentes como la Teoría Especial de la Relatividad o el Efecto Fotoeléctrico. Fue la única mujer de su promoción en el Instituto Politécnico federal de Zurich donde conoció a Einstein, en 1896, mientras estudiaba Física y Matemáticas. En algunas de las cartas que Albert le enviaba, se refería con complicidad a “nuestra colaboración” y “nuestra teoría”, aunque en sus publicaciones y premios nunca apareció su nombre.

Con motivo de las celebraciones del día 11 de febrero – Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia-, nos proponemos desvelar algunos casos más. Y para ello nos vamos a servir de la película que todavía está en taquilla: Figuras Ocultas que está basada en un libro homónimo de Margot Lee Shetterly. En esta película se nos muestra el inicio de la carrera espacial de Estados Unidos, en constante competencia con los éxitos rusos, y como estaba organizada la NASA por dentro, con sus equipos de ingenieros (todos hombres) y calculadoras (todas mujeres) que se fueron incorporando a partir de 1940 a la sede histórica de la NASA en Langley, Virginia. Las mujeres se encargaban de las tareas más tediosas e ingratas, calculando y comprobando las hipótesis a las que habían llegado previamente el equipo de ingenieros, pasando sus informes a máquina en los que, por supuesto, a pesar de hacer los cálculos nunca figuraban como autoras. Además tenían prohibida la asistencia a las reuniones en las que se comentaban los datos que ellas mismas obtenían.

 A esta situación se le suma una segunda causa que aun hacía más penosa la situación de las mujeres calculadoras y era el hecho de que una buena parte de las mismas eran mujeres de color y sufrían el segregacionismo de la época. Se las relegaba a otro edificio y ni siquiera podían visitar los baños o el comedor de los edificios principales. Tampoco podían asistir a reuniones donde se tomaban las decisiones relevantes, aun cuando era necesaria su presencia. Mujeres brillantes que habían conseguido ir a algunas de las pocas Universidades en las que se les permitía el acceso a estudiantes afroamericanos para estudiar física y matemáticas. La película se centra en tres de ellas: Katherine Globe Johnson, Mary Jackson y Dorothy Vaughan, conocidas sobre todo por sus aportaciones al programa Apolo.

Aunque la película entra por los ojos, ha recibido algunas criticas como la publicada aquí por Eulalia Iglesias: “Por momentos hay incluso una molesta insistencia en el don para sus respectivos trabajos de los personajes femeninos, como si su derecho a ser reconocidas no se basara en una cuestión de igualdad sino en la obligación por su parte de demostrar su excelencia.” Y es que no deja de ser una película de Hollywood que debe contentar a un amplio público sin levantar demasiadas ampollas. Sin embargo, también hace soñar y sentir un gran respeto por estas mujeres, fundamentales para la carrera espacial y tan desconocidas hasta ahora.

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